Mi Curandera
Santa Teresa me acogió por varios meses, hizo de su calor y mar, mi casa.
Pasaba por un momento de incesable búsqueda y profunda sanación, sabía que el mar no me iba a fallar. Tiene un poder especial en mí, su agua salada ha sido maestra y curandera, me permite conectar con algo que va más allá, es mi traducción a la divinidad.
Procedí a buscar mi nuevo hogar cerca de las costas costarricenses. Si nunca han usado Facebook Marketplace y ocupan guía, escríbanme, los precios abruptos de alquiler me convirtieron en una experta; pasé semanas buscando. Solo una vez había ido a Santa Teresa, pero decidí buscar por esa zona, bastó una llamada para que una señora depositara su confianza en mi voz, o eso dijo, era su primera vez alquilando el apartamento y según sus propias palabras, mi foto de WhatsApp y voz, fueron quienes sellaron el trato.
Un pequeño apartamento en una lomita de Santa Teresa que me haría usar abrigo en las mañanas y calle de tierra que pronto me tocaría regar para evitar el polvo, se convirtieron en mi hogar temporal. De vecinos, unos monos que las primeras noches me despertarían asustada a las dos de la mañana, unas vacas que se convertirían en las responsables de desatar mi obsesión por su especie y los gallos más grandes que he visto en mi vida. Cada uno cumplía función de alarma, sin excepción, a diferentes horas del día.
Cualquiera diría que en momentos de sensibilidad la vulnerabilidad de ser nueva en un lugar es contraproducente, pero yo creo que justo en esa vulnerabilidad he encontrado mi valentía. Los invito a ustedes también a encontrar la suya en esos momentos.
Los próximos meses convertí ver los atardeceres un hábito, descubrí mi amor por las pozas que deja la marea alta, busqué nuevos lugares para comer y también encontré alternativas de conexión a internet estable, para cuando la desconexión sobrepasaran las horas o días.
¿Mis lugares favoritos? Son más una sensación que un lugar, pero si van cerca de la zona, háganse el favor de caminar en Curú o Cabo Blanco, dense la oportunidad de explorar las pozas de Santa Teresa y Malpaís y terminen el día comiendo en Soda Tiquicia o regálense algo bien rico en The Bakery. O simplemente, déjense perder y sorprender, que los guíe su intuición.
Aquí mis recuerdos visuales. ¿Mi deseo? Que este texto o estas fotos les invite a explorar, a explorarse.